EDUCACIÓN CORPORAL

La antigua sabiduría grecorromana se asentó en el aforismo Mens sana in corpore sano, un precepto de higiene mental y física que hoy conserva todavía plena validez. La persona humana está constituida por la unidad inseparable de lo psíquico y lo físico, y los modernos estudios de medicina constitucionalista, psicosomática y de psicología evolutiva, prueban de manera concluyente que desarrollo psíquico y físico son concomitantes, y que la detención en uno de ellos repercute inmediatamente en el otro. Todo trastorno de la motricidad se acompaña de trastornos psíquicos, y viceversa. De este modo, estando demostrado que la capacidad de movimientos, o, dicho con términos técnicos, la cenestesia percepción y ajuste correcto de los movimientos, está indisolublemente unida con la vida afectiva e intelectual, resulta que la educación física o corporal ejerce profunda influencia en los procesos estrictamente intelectuales, favoreciendo, a través de la coordinación motriz, la propia coordinación del pensamiento. La velocidad, y por consiguiente la sucesión ágil de los estados de conciencia, están favorecidas por la ligereza y facilidad de los procesos motores. Además, la educación física es un poderoso factor en el desarrollo de las actividades prácticas del individuo, para la evolución del sentido moral y de la voluntad, porque quien educa su cuerpo desarrolla y afianza, a la vez, el mismo dominio en el comportamiento y la conducta. Por otra parte, la educación corporal modifica la emotividad, favoreciendo el control y el dominio de las emociones autocontrol frente al triunfo o la derrota; influye en la vida sentimental, propicia el desarrollo de la voluntad, y como ha demostrado el agudo psicólogo y psiquiatra italiano Sante De Sanctis (1862-1935), las sensaciones de esfuerzo y de dominio que de ellas derivan ayudan a resolver el problema sexual de la adolescencia.

Naturalmente, en el ejercicio físico es necesario permanecer alejado de todo exceso, y bajo ningún punto de vista debe ser realizado siguiendo los caprichos de la moda o del puro interés personal por esta o aquella actividad corporal, sino que su práctica, ya sea puramente de educación corporal o deportiva, debe estar guiada por consejo médico e incluso psicológico. A este respecto y con relación al problema sexual afectivo de niños y adolescentes y también de adultos la educación física enseña el dominio del propio cuerpo. La educación física bien impartida puede canalizar la energía nerviosa y muscular por un camino sano, evitando hábitos dañosos y envilecedores. Es la actividad más apropiada para enseñar al niño a vivir su vida afectiva en un nivel superior. Por último, está demostrada por todos los estudios realizados la posibilidad de modificar forma y desarrollo corporal mediante una prolongada y racional ejercitación física. Basta señalar, como ejemplo, los maravillosos resultados de recuperación que se obtienen gracias a la educación corporal en los enfermos atacados de poliomielitis, así como en los individuos predispuestos a determinadas enfermedades por mal desarrollo de algunas partes del cuerpo (por ejemplo, prevención de la tuberculosis, ejercitando el tórax de los individuos que presentan anomalías en el desarrollo del mismo).

Las Cualidades Esenciales del Músculo

Es común considerar al músculo como un tipo especial de resorte cuya fuerza y resistencia aumentan a medida que se lo ejercita. Si así fuera, a mayor perseverancia y prolongación del ejercicio correspondería una mayor capacidad muscular, y llegar a campeón de una determinada actividad deportiva sería cuestión de tiempo. Pero no ocurre así; el músculo, como los otros órganos del cuerpo, tiene una capacidad de desarrollo que está limitada por características tipológicas. Por tales razones, el músculo nunca debe ser llevado en el ejercicio más allá de lo que corresponde a su condición natural, porque en tal caso el esfuerzo lo daña, pierde capacidad de acción y trofismo (es decir, de alimentarse y regenerar.se adecuadamente), volviéndose inútil, como una tira elástica que ha perdido precisamente su cualidad distintiva: la elasticidad. En este caso se destruye por exceso la armonía muscular, se trastorna la capacidad motriz y se pierden los beneficios de la educación física, creando un cuerpo des armónico. Aparte de la resistencia, el músculo presenta tres cualidades dinámicas esenciales: fuerza, velocidad y destreza, y también en este aspecto el educador debe cuidar el desarrollo de músculos que reúnan dichas cualidades. El error capital es crear campeones de una de ellas, como sucede, por ejemplo, con los boxeadores: el peso pesado, que representa la fuerza llevada al límite máximo, el peso liviano que patentiza la velocidad, y el peso plumo la destreza. El individuo armónico posee las tres cualidades sin exceso ni falta, y su organismo no se dispone para sobresalir en ninguna competición, sino para alcanzar el nivel corporal óptimo que permite gozar de una perfecta salud física, que es al mismo tiempo mental y moral.

Valor Formativo del Ejercicio

El ejercicio muscular absorbe energía física. Cuando esta absorción no es exagerada y está dentro delos límites antes indicados, beneficia el desarrollo corporal y la salud; además, si se trata de jóvenes, la emulación y la competencia en esto reside el gran valor educativo de los ejercicios practicados en conjunto y no aisladamente crean nuevos intereses y dan otra meta al espíritu de conquista del joven. Agregase a esto que la actividad y el contacto continuo con la realidad obstaculizan la tendencia a lo quimérico, a la “auto adoración”, en que las ideas únicamente están asociadas al propio tono afectivo, prevaleciendo en la adolescencia, y en este caso las imágenes eróticas. Esta tendencia perturba la formación del pensamiento y se opone al logro de un carácter sólido, al desarrollo de la personalidad en la dirección querida, a la acción disciplinada y adecuada al medio social.

 

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