
Las prácticas educativas no son hechos aislados unos de otros; para una misma sociedad, están ligados en un mismo sistema cuyas partes contribuyen todas a un mismo fin. Cada pueblo tiene el suyo, así como tiene su sistema moral, religioso, económico, etc. Pero, por otro lado, pueblos de una misma especie, es decir, pueblos que se parecen por caracteres esenciales de su constitución, deben practicar sistemas de educación comparables entre sí. Por ejemplo, bajo el régimen de tribus, la educación tiene como característica esencial el ser difusa; es dada indistintamente por todos los miembros del clan. No hay maestros determinados ni vigilantes especiales encargados de la formación de la juventud; son todos los ancianos, es el conjunto de las generaciones anteriores que cumple ese papel. A lo sumo sucede que, para determinadas enseñanzas particularmente fundamentales, algunos ancianos están más especialmente designados.
En otras sociedades, más avanzadas, esa difusión se acaba o, por lo menos, se ve atenuada. En la India, en Egipto, los sacerdotes son quienes están encargados de dicha función. Esta primera característica diferencial acarrea otras. Cuando la vida religiosa, en vez de permanecer totalmente difusa como lo es en los origenes.se crea un órgano especial encargado de dirigirla y de administrarla, es decir, cuando se forma una clase o una casta sacerdotal, aquello que hay de propiamente especulativo e intelectual en la religión toma un desarrollo hasta entonces desconocido. En los medios sacerdotales han aparecido los primeros pródromos, las formas primeras y rudimentarias de la ciencia: astronomía, matemáticas, cosmología. Es un hecho que Comte hizo notar hace mucho y que se explica fácilmente. Es muy natural que una organización que tiene por efecto concentrar en un grupo restringido todo cuanto existe entonces de vida especulativa, estimule y desarrolle esta última. En consecuencia, la educación no se limita ya, como en el principio, a inculcar al niño ciertas prácticas, a prepararlo para determinadas maneras de actuar. Hay desde ese momento material para una cierta instrucción. El sacerdote enseña los elementos de esas ciencias que están en formación. Con la salvedad de que esa instrucción, esos conocimientos especulativos no son enseñados por si mismos, sino por las relaciones que guardan con las creencias religiosas; tienen un carácter sagrado, están llenos de elementos propiamente religiosos, porque se han formado en el seno mismo de la religión y son inseparables de ella. En otros lugares, como en las ciudades griegas y latinas, la educación permanece repartida según determinada proporción variable según las ciudades, entre el Estado y la familia. Nada de casta sacerdotal. Es el Estado el que se ofrece a la vida religiosa. Como consecuencia, como éste no tiene necesidades especulativas, como está orientado ante todo hacia la acción y la práctica, cuando la necesidad de ella se hace sentir, la ciencia nace fuera de él. Los filósofos, los sabios de Grecia, son particulares y son laicos. La propia ciencia tiene allí desde muy temprano una tendencia antirreligiosa. De ello resulta, desde el punto de vista que nos interesa, que la instrucción también tiene, desde que aparece, un carácter laico y privado. El “grammateus” de Atenas es un simple ciudadano, sin vínculos oficiales y sin carácter.
Es inútil multiplicar estos ejemplos, que no tienen más que un interés de ilustración. Bastan para mostrar cómo, comparando sociedades de la misma se podría especie, modo que se con constituir tipos de educación, Estado o de religión. Dicha del mismo titulen tipos de familia, de clasificación no agotaría, por otra parte, los problemas cien ella no hace más que proveer necesarios los elementos para resolver otro, más importante. Una vez que los tipos buscar de qué condiciones dependen las propiedades características de los otros. Se obtendrían así las leyes que dominan el entonces en qué sentido se ha desarrollado la educación y cuáles son las causas que han determinado ese desarrollo cuya solución, eso se ve fácilmente, sería fecunda en aplicaciones prácticas. Ya tenemos ahí un vasto campo abierto a la especulación científica. Y, sin embargo, hay aún otros problemas que podrían ser abordados con la misma actitud. Todo lo que acabamos de decir se refiere al pasado; tales investigaciones tendrían por resultado hacernos comprender de qué manera se han constituido nuestras instituciones pedagógicas. Pero pueden ser consideradas desde otro punto de vista.
Todas las preguntas que se plantean a propósito de los delitos del adulto pueden plantearse aquí con utilidad no menor. Hay una criminología del niño, así como hay una criminología del hombre hecho. Y no es la disciplina la única institución educativa que podría ser estudiada según este método. No hay ningún método pedagógico cuyos efectos no puedan ser medidos de la misma manera, dando por sentado, es claro, que el instrumento necesario para tal estudio, es decir, una buena estadística, haya sido instituido.



