Pedagogía. Fundamentación

Pedagogía como ciencia, no como mera doctrina artística

Por Pedagogía entendemos nosotros la ciencia de la formación (Bildung), esto es, el fundamento teorético para distinguir las cuestiones referentes a la educación y a la instrucción. Una Pedagogía como mera doctrina artística, esto es, como indicación para la práctica de educar e instruir, supone necesariamente la fundamentación científica; además, sólo puede ser de utilidad en unión inmediata con la misma práctica. 

Descripción analógica del problema do la educación

La expresión educar descansa en la analogía con el cultivo de las plantas o de los animales. Con esto se indica la diferencia y la relación mutua que existe entre naturaleza y cultura. Supone que hay un crecimiento, un desarrollo constantemente progresivo de una situación dada hasta una cierta altura, la cual debe alcanzarse en circunstancias normales y que es posible exigir este crecimiento con el mínimum de perturbación, mediante especiales cuidados y preocupaciones adecuadas, sin las cuales no se conseguiría el mismo fin, o por lo menos no se alcanzaría tan bien. 

La primera suposición corresponde al fin y al contenido, la segunda al camino de la educación; la primera al qué y por qué, la segunda al cómo. La palabra formación, empleada quizá más adecuadamente para designar todo el problema pedagógico, indica más claramente la forma, esto es, la legalidad interior de la formación de lo humano en el hombre. Recuerda la formación espontánea que se realiza en la actividad formadora del artista, o también en la fuerza práctica de la Naturaleza, en su producción orgánica, formación que puede ser apoyada desde fuera, del mismo modo que el crecimiento de las plantas mediante el cuidado del jardinero; éstas, sin embargo, siguen las leyes interiores propias y esenciales.

Problema del concepto de la formación (Bildung) o de la educación (Edziehung)

El concepto de la educación indica también, en tanto que considera la formación del hombre como cosa de la voluntad del educador, un fin que se encuentra en esta voluntad. Al concepto de algo que no es, sino que debe ser, le llamamos nosotros, en general, idea. Por tanto, el concepto de la formación o de la educación nos conduce al problema del fundamento de la idea.

Principio para la deducción de la idea de la formación (Bildung)

Esta descansa, por un lado, en la base de nuestra experiencia originaria; mas por otro lado no se halla limitada por los confines de nuestra experiencia cotidiana, sino que puede ir con el pensamiento más allá de toda percepción dada de cómo es una cosa, concibiendo cómo debe ser.

Todo lo que acontece en el tiempo se somete a las leyes de la causalidad. También nuestra conciencia, como un acontecer en el tiempo, o considerada según el cambio de su contenido, se somete a ellas. Pero precisamente por su contenido no se halla ligada a la condición del tiempo; mira atrás y adelante; presentase, por tanto, fuera del tiempo; toma su punto de vista por encima de él. 

Precisamente por todo esto puede referir lo que, partiendo de tai y tai causa, aconteció, acontece y acontecerá en el tiempo a la idea no temporal, tal y como doble acontecer. Ciertamente, en esto que nosotros presentamos exteriormente como un objeto de la experiencia y que diferenciamos de nosotros mismos, es decir, en los objetos de la «naturaleza», no se puede emplear, sin más, este modo de consideración; por el contrario, tiene su empleo en nosotros, en tanto que tenemos una conciencia de nosotros mismos, con un derecho indudable e incondicionado. Justifica el que nos consideremos, no meramente como naturaleza, esto es, como objetos de la experiencia; que midamos y refiramos al mismo tiempo en ella nuestro ser empírico y finito a su fin extra empírico e infinito: la idea. Pero con esto conserva la idea igualmente una estrecha relación con la experiencia, pues, aunque la consideración se eleva desde el punto de vista de la idea, permaneces sin embargo, indicada siempre en la experiencia, según la materia; la idea significa, en último término, el problema infinito de la experiencia. Prescribe un proceso gradual y finito; pero según un punto final meramente pensado en lo infinito y que no es alcanzable nunca empíricamente. 

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