
La escuela es fiel reflejo de la vida social, pues constituye una imagen reducida de la comunidad humana. Sus formas de vida, su ambiente cultural, sus valores y fines, responden a las inspiraciones de la sociedad que la ha creado. Por eso repercuten en ella las transformaciones sociales, en virtud de las cuales se modifican los sistemas de enseñanza y de convivencia. La escuela se halla en íntima relación con la familia y con el Estado. La familia, que tiene el derecho natural de educar a los hijos, se los confía a la escuela para su mejor y más completa formación cultural.
El Estado tiene el deber de velar por la educación de sus ciudadanos, principalmente en aquellos casos en que la familia carece de recursos para hacerlo por sus propios medios. En consecuencia, la escuela participa de la sociedad familiar, puesto que en el maestro encarna la autoridad y el amor del padre; y de la sociedad civil, toda vez que funda su disciplina en el respeto a la justicia, y en la observación de la ley, para realizar la obra trascendental de modelar ciudadanos cultos y morales. No obstante, la escuela tiene una estructura propia y se diferencia de la familia y del Estado porque posee unas normas de vida perfectamente reguladas y definidas.
La misión escolar, tan compleja, tiene un aspecto fundamental: establecer la más estrecha y perfecta relación entre el niño y la comunidad, asociando al estudiante, desde su más corta edad con el ambiente, las obligaciones y las inquietudes de la sociedad en que ha de vivir cuando sea adulto.
La Educación Intelectual en la Escuela
En la escuela, la educación intelectual se logra por medio de los contenidos educativos, que están constituidos por el conjunto de conocimientos, habilidades y actividades que son fruto de las experiencias acumuladas por la humanidad. Pero éstas no las toma la educación como algo hecho, sino como algo que el educando debe generar en su propio espíritu. Por eso tales experiencias deben repetirse en cada generación de estudiantes.
El problema más importante en lo que se refiere a la educación intelectual, consiste en la selección de los contenidos educativos. Es indudable que en la escuela todo puede enseñarse: tanto el catecismo como la historia, el dibujo y la natación, la dactilografía y el ajedrez. ¿Pero es justo y posible que todos los contenidos sean enseñados?
Es evidente que no, pues, por desarrollar su acción durante un número limitado de años y por la extensión de los conocimientos humanos, hay necesidad de limitarlos.
Tradicionalmente, la selección de los contenidos de la educación intelectual se ha efectuado con sometimiento a influencias no pedagógicas. Así, la Iglesia concedió valor extraordinario a la intensificación de los contenidos religiosos; la vida práctica, por el contrario, exigió ciertos contenidos de tipo profesional o técnico.
Aún más: en los comienzos de la educación pública, los contenidos de la educación intelectual se limitaron a la enseñanza de la lectura, la escritura y el cálculo, a los cuales se añadía la enseñanza de la doctrina cristiana. Pero de estos limitados fines instructivos, que no hacían más que completar la acción educativa de la familia, se pasó a fines más amplios. Así entraron en la educación la gramática, la geografía, la geometría, la historia, el dibujo, la historia natural, el trabajo manual, los ejercicios físicos, etcétera.



