Educación: de la filosofía a la teoría social

Nos ocuparemos, en primer lugar, de situar a los autores y sus textos, en especial, teniendo presente la relación con el tema central elegido aqui como eje orientador de la lectura. Paul Natorp, John Dewey y Émile Durkheim pertenecen a contextos culturales nacionales diferenciados, pertenencia que los ubica también en escuelas filosóficas y enfoques ideológicos relativamente distinguibles entre si; no obstante, como veremos, hay una serie de rasgos ideológicos y temáticos que comparten y que nosotros vamos a considera con un interés especial.

Paul Natorp es un filósofo y pedagogo alemán adscripto a la escuela neokantiana de Marburgo, uno de los primeros en plantear las cuestiones pedagógicas desde una perspectiva científica es decir, reivindicando la posibilidad de una ciencia de la educación separada de la filosofía y el carácter social de la educación; su obra reviste interés en la medida en que representa continuidades y contrastes respecto del clima intelectual propio del idealismo filosófico alemán, y viene a revitalizar el pensamiento idealista en este terreno, sobre el cual dominaban aún el Tratado de Pedagogía de Emmanuel Kant, los Discursos a la nación alemana de Fichte muy influidos ambos por las ideas y los temas rousseaunianos y las observaciones de Wilhelm Dilthey. Kant, Fichte y Dilthey constituyen, por así decir, los referentes “filosóficos” de la obra de Natorp, mientras que en el terreno más estrictamente pedagógico sobre sale la figura de Johann Friedrich Herbart. 

Las doctrinas pedagógicas herbarían ejerció una influencia duradera en la Alemania del siglo XIX, sobre todo en lo relativo a la formación de educadores, ya que fue la base de la formación pedagógica en escuelas normales y universidades. Paul Natorp no es un autor muy conocido en nuestro país en el que predominó siempre la bibliografía de cuño positivista y esa ha sido una de las razones por las cuales consideramos de interés confrontar la primera parte de su Curso de pedagogía con textos que, en cambio, han tenido una amplia difusión entre nosotros, como los de Dewey y Durkheim.

En el Curso de pedagogía obra que abarca una temática más amplia y general que la Pedagogía social publicada en 1898 la primera preocupación de Natorp es producir una definición en la discusión que ya en ese momento forma parte de la tradición de las querellas filosóficas en torno a la pedagogía, acerca de si se debe considerar a la educación como un arte (aquí el término arte se carga de un sentido más amplio ligado al concepto de la técnica) o si, además, puede aspirar a una sistematización científica con un campo propio de problemas y no a la mera aplicación subordinada de los resultados de otras ciencias particulares. En este sentido, la crítica de Natorp a la pedagogía herbartiana constituye un punto importante en el pasaje a la problemática de la pedagogía contemporánea, en la que en parte como una reacción al intelectualismo iluminista y al irracionalismo romántico se afianza la noción de una sistematización científica de conocimiento pedagógico y de su práctica. 

De ahí que la definición de Natorp nos remita al concepto más amplio de formación, en el que el desarrollo de las “facultades intelectuales”, la instrucción propiamente dicha de carácter enciclopédico queda incluido como una parte importante pero no exclusiva. “Por pedagogía dice Natorp entendemos nosotros la ciencia de la formación (Bildung), esto es, el fundamento teorético para distinguir las cuestiones referentes a la educación y a la instrucción.” Y agrega: “Una pedagogía como mera doctrina artística, esto es, como indicación para la práctica de educar e instruir, supone necesariamente la fundamentación científica; además, solo puede ser de utilidad en unión inmediata con la misma práctica.”

Natorp coincide con Herbart en que es necesario buscar el fundamento teórico de la pedagogía en la filosofía; pero Herbart limitaba esta fundamentación a la Ética (que debia ocuparse, por asi decir, de la determinación del objeto y fin de la educación) y a la Psicología, cuya tarea consistía en determinar el camino y los medios. En cambio, Natorp, al pensar la pedagogía como ciencia de la formación, y reivindicar la unidad del sujeto de la práctica educativa, sostiene que es preciso acudir también a la Lógica, la Estética, la filosofía de la religión, etc. De ahí también que su crítica al mecanicismo de Herbart parta de una defensa del carácter de propia actividad (espontaneidad) de la formación, que hace que se la considere como desarrollo interior,y no “como resultado meramente mecánico de una dirección exterior”‘. 

Volveremos sobre esta cuestión más adelante. Veamos ahora cómo está planteada la relación de la educación con su contexto social en la obra de Natorp.Cuando Natorp afirma que no existe el hombre sino la comunidad humana, nos sitúa en la orientación teórica que sustentó a toda una corriente del pensamiento sociológico contemporáneo y cuya fuente en Alemania fue la obra de Ferdinand Tonnies Comunidades y sociedad. 

El concepto de comunidad, luego exhaustivamente desarrollado por Max Weber, nos remite a una representación de la sociedad a partir de rasgos comunes, es decir, enfatiza el elemento de homogeneidad que caracteriza a los agregados humanos. Es el concepto de unidad e identidad social que está en el centro de todas las filosofías e ideologías idealistas o espiritualistas de nuestro siglo. Ahora bien, a pesar de este rasgo de limitación que signa al concepto de comunidad nos referimos a su incapacidad para conceptualizar los elementos de heterogeneidad propios de la sociedad y la cultura humanas, existe un aspecto en el que se muestra particularmente fecundo, precisamente el relativo al hecho de que el desarrollo cultural de la humanidad en su conjunto incorpora nuevos elementos en el proceso de apropiación y transformación de la naturaleza. 

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