Las Virtudes Profesionales

Equipo de trabajo celebrando un logro en la oficina

Junto al don pedagógico, enriquecido con la preparación adecuada de su formación y con el aprendizaje práctico, se amplía y complementa el verdadero educador con las virtudes profesionales en el ejercicio de su función y aun fuera de ella. Tales son: cumplimiento minucioso de las tareas cotidianas; preparación de las clases y ejercicios; organización general del trabajo escolar; solicitud por la educación en sí; exactitud, regularidad en sus tareas y estados anímicos; alto sentido de la ejemplaridad en la escuela y fuera de ella. 

Y, en fin, ser un modelo viviente de todo lo dicho al hablar de las condiciones morales e intelectuales que deben adornar al buen educador. Sólo así podrá llenar su cometido con fecundidad, formando hombres que vivan en su época y que sientan constantemente la dicha de poseer una formación espiritual e intelectual que los capacitan para comprender mejor las cosas y a los demás hombres.

Estas virtudes, en la realidad, no se hallan todas reunidas en una proporción equilibrada. Se coordinan y armonizan de mil diversas maneras para formar la variadísima gama de tipos docentes.

Related Post