
Para realizar plenamente su misión, el educador debe responder a ciertas exigencias que complementan la vocación pedagógica. Entre las cualidades requeridas debemos destacar las condiciones morales que deben hacer del educador un modelo viviente para sus educandos.
Por eso, debe poseer y revelar veracidad, honestidad, espíritu de justicia, tolerancia, sinceridad, espontaneidad, seguridad y firmeza en la acción, fe, entusiasmo y abnegación. También debe poseer condiciones intelectuales: capacidad para adquirir los conocimientos que requiere el ejercicio de la función docente, correcta actividad mental, buen juicio práctico, inquietud intelectual, etc. Y, finalmente, debe reunir ciertas condiciones físicas: salud, voz adecuada, gestos y actitudes correctos, así como tener la pulcritud que corresponde a su posición social.
De cualquier manera, estas condiciones no implican la formación de un tipo determinado de educador, sino que, entremezclándose, se armonizan para que éste pueda cumplir con todo lo exigible.



