Valores educativos

Este punto nos abre el campo de los valores y objetivos educativos. ¿Cómo se han de determinar? ¿De qué se han de derivar? La suposición que da origen a los procedimientos que acabamos de criticar es la creencia de que las condiciones sociales determinan los objetivos de la educación. Ésta es una falacia. La educación es autónoma y debería ser libre para determinar sus propios fines, sus propios objetivos. Hasta que los educadores adquieran la independencia y coraje para insistir en que los fines de la educación han de formarse y realizarse dentro. del proceso educativo, no tendrán conciencia de su propia función. Los demás no tendrán tampoco gran respeto por los educadores porque los educadores no respetan su lugar y trabajo propios sociales. Tal afirmación parecerá a muchas personas a la vez absurda y presuntuosa. Sería presuntuosa si dijera que los educadores deben determinar los objetivos. Pero la afirmación era que el proceso educativo en su integridad y continuidad es el que debe determinarlos. Los educado es tienen un lugar en este proceso; pero no son éste ni mucho menos. La idea de que puede ser absurda surge de no ver la función en su integridad. Pues la educación es en sí misma un proceso para descubrir qué valores son dignos de ser perseguidos como objetivos. Ver lo que está ocurriendo y observar los resultados de lo que ocurre para ver sus consecuencias ulteriores en eI proceso de crecimiento, y así indefinidamente, es el único camino por el cual puede juzgarse el valor de lo que tiene lugar. 

Mirar a alguna fuente exterior para obtener fines es fracasar en conocer lo que es la educación como un proceso progresivo. Lo que una sociedad es, lo es como producto de la educación, en lo que concierne a su espíritu y propósito animadores. De aquí que no ofrezca un modelo al cual se haya de conformar la educación. Ofrece material por él se ha realizado, ha hecho a cuál juzgar más claramente lo que la educación, tal como aquel: no existe tal cosa como usa serie fija y final omnipresente temporalmente. objetivos, aun para el tiempo, Cady mejorar en algún respecto los objetivos perseguidos en su labor anterior. Al decir estas cosas sólo vuelvo en otra forma, a la idea consiste en cualquier materia de estudio, seleccionada del educador, sea director u otros campos, que capacite lo que está haciendo. Su valor no está en ofrecerle objetivos, ni tampoco en presentarle reglas ya confeccionadas. La educación es un modo de vida, de acción. Ésta, sin embargo, hace a aquellos que la aplican más inteligentes, más concienzudos, más conscientes de lo que hacen, y así enriquece y rectifica en el futuro lo que han estado haciendo en el pasado. El conocimiento de los objetivos a que la sociedad aspira actualmente y las consecuencias alcanzadas en la actualidad pueden lograrse en alguna medida mediante un estudio de las ciencias sociales. Este conocimiento puede hacer a los educadores más circunspectos, más críticos respecto a lo que están realizando. Puede sugerir una visión mejor de lo que ocurre aquí y ahora en la casa o la escuela; puede capacitar a los padres y maestros a mirar hacia adelante y a juzgar sobre la base de consecuencias en un curso más largo de desarrollo. Pero debe operar mediante sus ideas, planes, observaciones y juicios propios. De otro modo, no es en absoluto ciencia de la educación, sino meramente información sociológica.

Ejemplos de los informes escolares

El problema aquí no es sin embargo unilateral. Se requieren condiciones especiales para que el material de las prácticas escolares pueda presentarse a otros en tal forma que constituya los datos de un problema. Basta quizá referirse, como ejemplo en este caso, a la gran mejora ya introducida en la confección de los informes escolares (School reports), tanto administrativos como educativos. Como el valor de una investigación está concretamente condicionado por los datos de que se dispone, es casi imposible acentuar demasiado la importancia de los registros e informes y de la manera que se llevan, tanto cualitativa como cuantitativamente. El valor de este material para el investigador de la educación es casi igual al de los informes clínicos sistemáticos y acumulados para la ciencia médica. En este punto existe un circulo evidente. El género de informes que se pide y que se esperan depende del estado actual de la ciencia, de los intereses científicos que predominan en un tiempo determinado. Ofrecen aquéllos también los datos para ulteriores investigaciones y conclusiones. De aquí la necesidad de que no se les mecanice demasiado rápidamente en un modelo de forma rígida. Debe haber un espacio flexible para el cambio; de otro modo se producirá una paralización científica por la fijación demasiado rígida de los moldes en que se decantan los datos.

 

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