
En el hombre, las aptitudes de plenas para poder encarnarse, de algún modo, en nuestros tejidos y materializarse bajo la forma de predisposiciones orgánicas. ¿Sin embargo, se dirá, si en efecto se puede concebir que las cualidades propiamente morales, porque imponen privaciones al individuo, y porque inhiben sus movimientos naturales, no pueden ser suscitadas en nosotros sino bajo una acción venida de fuera, uno hay otras que todo hombre está interesado en adquirir y busca espontáneamente? Tales son las diversas cualidades de la inteligencia que le permiten ajustar mejor su conducta a la naturaleza de las cosas. Tales son también las cualidades físicas, y todo lo que contribuye a la salud y al vigor del organismo. Para aquéllas, al menos, parece que la educación, al desarrollarlas, no hace más que adelantarse al propio desarrollo de la naturaleza, llevando al individuo a un estado de perfección relativa hacia el cual tiende por sí mismo, si bien puede alcanzarlo más rápidamente gracias a la ayuda de la sociedad.
Pero lo que demuestra bien, pese a las apariencias, que tanto aquí como en otras partes la educación responde ante todo a necesidades sociales, es que hay sociedades donde esas cualidades no han ‘sido cultivadas para nada, y que, en todo caso, han sido entendidas muy diferentemente según las sociedades. Las ventajas de una sólida cultura intelectual están lejos de haber sido reconocidas por todos los pueblos. La ciencia, el espíritu crítico, que hoy ponemos tan alto, han sido sospechosos durante largo tiempo. ¿No conocemos una gran doctrina que proclama dichosos a los “pobres” ‘de espíritu? Hay que cuidarse de creer que esa indiferencia por el saber haya sido impuesta artificialmente a los hombres en violación de su naturaleza. Como ya lo decía Rousseau, para satisfacer las necesidades vitales, la sensación, la experiencia y el instinto podían bastar, como bastan al animal. Si el hombre no hubiera tenido otras necesidades que aquéllas, muy simples, que tienen sus raíces en su constitución individual, no hubiera emprendido la búsqueda de la ciencia, tanto más cuando ésta no ha sido adquirida sino tras laboriosos y dolorosos esfuerzos. Sólo ha conocido la sed del saber cuándo la sociedad la ha despertado en él, y la sociedad no la ha despertado sino cuando ella misma ha sentido la necesidad. Ese momento llegó cuando la vida social, bajo todas sus formas, se volvió demasiado compleja para poder funcionar de otro modo que, gracias a la ayuda del pensamiento reflexivo, del pensamiento aclarado por la ciencia. Entonces, la cultura científica se volvió indispensable, y por eso la sociedad la reclama de sus miembros y se la impone como un deber. Pero, en el origen, en tanto que la organización social es muy simple, muy poco variada, siempre igual a sí misma, la ciega tradición alcanza, como alcanza el instinto para el animal. De ahí que el pensamiento y el libre examen son inútiles y hasta peligrosos porque pueden amenazar la tradición. Por ello son proscriptos.
Se desprende de estos hechos que cada sociedad se hace un cierto ideal del hombre, de lo que él debe ser tanto desde el punto de vista intelectual como del físico y moral; que ciudadanos; que a partir de cierto punto se diferencia según los medios particulares que toda sociedad comprende en su seno. Cierto número de estados físicos y mentales que la sociedad a que pertenece considera que no deben estar ausentes en ninguno de sus miembros. De ese modo, son la sociedad en su conjunto, y cada medio social particular, los que determinan ese ideal que la educación realiza. Si la sociedad ha llegado a ese grado de desarrollo en que las antiguas divisiones en castas y en clases ya no se pueden mantener, prescribirá una educación más unida en la base. Si, en el mismo momento, el trabajo está más dividido, provocará en los niños, sobre un primer fondo de ideas y de sentimientos comunes, una más rica diversidad de aptitudes profesionales. Si vive en estado de guerra con las sociedades circundantes, se esforzará por formar los espíritus sobre un modelo fuertemente nacional; si la competencia internacional adopta una forma más pacífica, el tipo que trata de realizar es más general y más humano. La educación no es para ella sino el medio por el cual prepara en el corazón de los niños las condiciones esenciales de su propia existencia como sociedad. Veremos más adelante cómo el propio individuo tiene interés en someterse a esas exigencias.



