Principios didácticos

 

Basándonos en el principio didáctico de que una pregunta se justifica tanto más cuanto mayor sea el razonamiento requerido por la respuesta y cuanto más genuino el deseo de saber del interrogador llegamos a una calificación de las distintas preguntas del maestro

  1. Deben rechazarse: la “pregunta de complemento”: el alumno completa, en virtud de la relación significativa, solamente una palabra o parte de la oración; la “pregunta sugestiva”: buscando la respuesta, el alumno se halla bajo la fuerte impresión de la pregunta del maestro; la única posibilidad que tiene es hacia el lado deseado por el maestro; la “pregunta disyuntiva”: para contestar sólo se puede elegir entre dos posibilidades indicadas por el maestro. (Por lo menos se necesitaría entonces una exacta motivación de la respuesta.)

 

  1. Condicionalmente aplicable es:

la pregunta de examen, repaso y control, siempre que no se trate de un mero “tomar la lección”, sino de “preguntas cardinales” que exigen del alumno respuestas independientes y coherentes; la pregunta “de desarrollo”: precisamente en este caso, el margen es muy amplio. Se extiende desde aquel vacío palabreo de preguntas y respuestas, que ‘levan al alumno como con andaderas y no son más que una ayuda aparente y un desarrollo “ficticio”, hasta la auténtica pregunta de desarrollo en el sentido de un método interrogativo heurístico que realmente ayuda. (Es cierto que ésas no son preguntas “genuinas” en sentido de un verdadero deseo de saber, pero cumplen con la función de ayudar para avanzar. Por tanto, les corresponde, en el fondo, la función de un estímulo a razonar y deben equipararse a los demás estímulos, tales como la indicación v el llamado. la duda y la observación). La “pregunta de motivación” (¿por qué?  para qué? ¿cómo? con qué? por medio de qué? etc.). (Su valor es muy variable. La motivación requerida puede significar un razonamiento independiente, pero también puede implicar una trivial simpleza o un adivinar sin reflexión alguna. Por eso no es posible rechazar de plano este tipo de preguntas.)

 

  1. Plenamente justificada es la auténtica y natural pregunta del maestro en sentido de una verdadera necesidad de preguntar y deseo de saber.

LA BUENA TÉCNICA INTERROGATIVA

Con referencia a lo expuesto acerca de la importancia de la técnica interrogativa exterior, según lo cual ciertos errores muy comunes muchas veces representan sino pequeños “defectos de estética”, los cuales por cierto han de evitarse en lo posible, pueden hacerse las siguientes exigencias exteriores con respecto a la acertada pregunta del maestro:

  1. a) Corrección lógica:

Háganse preguntas claras y comprensibles. Evítense sobre todo los giros abstractos.

  1. b) Corrección lingüística
  2. c) La acertada técnica interrogativa:

Evítense todas las preguntas dobles, seriadas o encadenadas. (Ejemplos Ayer, cuando estuvimos en el bosque ¿qué encontramos y observamos y por qué nos perdimos luego?) Dar una respuesta clara y precisa a semejante interrogatorio es muy difícil para el alumno. Pero el maestro principiante, en su propia inseguridad, está muy propenso a la “pregunta auxiliar” porque no confía en su pregunta y no puede aguardar la respuesta del alumno. Distribuir bien las preguntas entre toda la clase. Por principio nos dirigimos a todos los alumnos. Se entiende que también preguntaremos en forma individual, eso es, dirigiremos las preguntas conforme al grado de dificultad: las más fáciles a los alumnos menos dotados; las más difíciles, a los mejor dotados. Pero no debe haber una interminable espera después de la cual contesta toda la clase, es decir. ningún “luchar” por la respuesta, lo cual afectaría el fluir natural de la enseñanza. Primero se pregunta, después se llama al alumno que debe contestar. Sólo en casos excepcionales, cuando se hace una pregunta personal directa, se procede al revés. De otro modo existe el peligro de que sólo el llamado se esfuerce.

LA RESPUESIA DEL ALUMNO

  1. a) A cada pregunta del maestro esperamos la respuesta del Ésta guarda la más estrecha relación con el tipo y el contenido significativo de la pregunta. Es una “respuesta”, es decir, que corresponde” a la pregunta. A tal pregunta, tal respuesta. A una pregunta vaga no puede esperarse una respuesta clara; inversamente, preguntas claras, idiomática y temáticamente correctas, son una mejor garantía de que también nuestros alumnos contesten en forma precisa. Si nuestro método interrogativo se reduce a un vacío y árido averiguar de hechos “punteados”, no podemos esperar que los niños respondan de una manera coherente e independiente. Pero si realmente ayuda, estimula y activa, si deja lugar para el propio razonar y libertad para la respuesta, entonces veremos que los alumnos contestarán en forma coherente y motivada, en la medida de su desarrollo mental.

 

  1. b) También a este respecto atribuimos más importancia a la reflexión hecha que a la corrección o incorrección idiomática Una de las exigencias, a menudo exageradas, de la vieja escuela era un consabida “respuesta en oraciones enteras”. ¿Los alumnos deben contestar siempre con frases enteras? La rígida aplicación de esta exigencia significó un gran abuso en nuestras escuelas. A costa de la situación natural se exageraban las formas idiomáticas, se abandonaron las formas naturales de la vida en favor de modos escolares artificialmente cultivados, quitándole así al alumno los deseos de dar una respuesta natural.

 

“Jamás y en ninguna parte de este mundo, un hombre que no sea demente contestará a una pregunta más de lo que requiere su significado, ni nadie espera más de él. Sólo en la escuela alemana se exige la respuesta con una oración entera, y eso porque aún no se ha comprendido lo que es una oración, lo que no lo es”. La respuesta en frases enteras se justifica, en la escuela, únicamente cuadro se la pide deliberadamente como ejercicio idiomático o cuando la repetición de la pregunta integra tiene un significado especial en la respuesta. Todo lo demás es antinatural.

 

  1. c) Igualmente antinatural es la continua evaluación de la respuesta por el maestro, que se acostumbra en algunas escuelas: “Muy bien!”, “perfectamente!”, “bien contestador”, etc. ¿Esta es otra forma escolar típica Porque hay que poner en seguida el “sello” de la escuela a toda respuesta dada por un alumno? También la respuesta ha de ser “natural” con respecto a su motivación, vale decir, que los alumnos deben contestar por la causa y no por la nota que podrían esperar. Pueden admitirse excepciones sólo cuando se trate de respuestas realmente excelentes o de contestaciones inesperadas de alumnos más bien flojos, para quienes semejante elogio significa aliento y estímulo. Pero de ninguna manera debe esto convertirse en regla que interrumpa el curso normal de la conversación.

 

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