Los aspectos del desenvolvimiento social

Hay dos aspectos principales en el desenvolvimiento social del niño que son de importancia fundamental para los educadores. El primero de ellos es el proceso general de aprendizaje social por medio del cual el niño aprende todas las cosas que debe conocer y todas las que debe o no debe hacer para transformarse en un miembro de la sociedad. Llamamos a ese proceso “socialización”; decimos que un niño es gradualmente “socializado” (esto es, se transforma en un miembro del grupo cuyo modo de vivir adopta) y decimos que la sociedad, a través de sus agentes (padres, los profesores y otras personas), actúa para “socializar” al niño. El segundo aspecto del desenvolvimiento social consiste en la formación de lealtades sociales y en la expansión del horizonte social del niño. Es decir aprende a incluir un número cada vez mayor de personas en el grupo en que se siente “a gusto” y por el cual está dispuesto hacer modificaciones de ser necesarias en su persona. A medida que va creciendo, se hace ciudadano de la comunidad local, del Estado, de la nación y, posiblemente, del mundo. Aprende a colaborar con varias clases de personas y a integrar sus intereses personales en los intereses del grupo. De este modo, el desenvolvimiento social es el proceso que consiste en hacerse elemento participante de un grupo cultural específico y, al mismo tiempo, miembro de una porción cada vez mayor de la humanidad. Estos dos procesos marchan paralelamente, tendiendo la socialización a hacer de cada uno de nosotros un miembro idóneo de un grupo pequeño y definido. Mediante la expansión social, nos hace unos buenos miembros de grupos cada vez mayores.

Posibilidades de desarrollo social

Si un niño proveniente de una familia sueca fuera transportado a Río de Janeiro inmediatamente después de su nacimiento y fuese criado por un obrero brasileño y su esposa, crecería hablando portugués con acento carioca, con las actitudes religiosas, políticas y sociales de su país adoptivo y con sus nociones de lo que es cierto y de lo que es errado, de lo que es placer y de lo que es sufrimiento. Sería un brasileño carioca, no un sueco. Un niño es capaz de transformarse en un buen miembro de una sociedad cualquiera, o de varias sociedades diferentes, y de asimilar cualquier cultura. Todo niño nacido y criado en el Brasil, por ejemplo, aprende la cultura general brasileña, y también la cultura particular de su grupo. Así, los hijos de inmigrantes italianos aprenden una subcultura un tanto diferente de la que aprenden los hijos de los inmigrantes españoles; un niño nacido en Bahía aprende cosas distintas que un niño nacido en Río Grande do Sul; y un niño nacido en una familia de clase elevada aprende comportamientos y actitudes diferentes de los que aprenden los que provienen de familias de clase media.

Proceso de socialización

La socialización ha sido humorísticamente definida como un eterno proceso de “domesticación”. Aun cuando el término socialización sea muchas veces aplicado especialmente al aprendizaje de experiencias ocurridas en los primeros años de vida y relativas a la forma de alimentarse y de dormir, a los hábitos de higiene, al control de la agresividad y de los impulsos sexuales, es más correcto concebir la socialización como un proceso que dura toda la vida. El niño que en la escuela aprende a leer y a escribir está siendo socializado; el adolescente que aprende a hablar da jerga empleada por sus compañeros, está siendo socializado; la mujer que aprende los comportamientos relativos a la maternidad, está siendo socializada; el hombre que a los 65 años “airosamente” aprende a vivir como jubilado, está siendo socializado. Los diferentes grupos sociales ofrecen constantemente nuevas situaciones de aprendizaje y crean nuevas expectativas a las personas; y durante toda la vida estamos constantemente ajustando nuestra conducta a lo que la sociedad espera de nosotros. Así, el proceso de socialización comienza con el nacimiento y continúa hasta la muerte. Aunque el término “domesticar” sea en cierta forma aplicable al proceso de socialización, sirve para subrayar apenas un aspecto del proceso, porque, según él, la socialización es una cuestión de control y restricción o de impedimento de la conducta del niño. Pero la socialización tiene también aspectos positivos y constructivos; produce crecimiento, anima, educa, estimula y motiva; despierta en el individuo gran variedad de deseos; conduce a toda clase de desarrollos y realizaciones; cultiva ciertas potencialidades en el individuo y al mismo tiempo suprime otras. En este sentido. La socialización tiene tantos efectos positivos como inhibidores sobre el individuo. En términos generales, la socialización es un proceso modelador y creador, a causa del cual, la cultura del medio es transmitida al niño, y el sentimiento y la conducta individual se modifican paulatina, pero continuamente, y se desenvuelven de acuerdo con los valores dictados por la sociedad.

 

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