Estructura del contenido de la Educación

La estructura del contenido total de la educación humana debe reconocerse, como consecuencia de lo dicho, en las diferentes y características direcciones capitales del trabajo cultural de la humanidad. La filosofía de la cultura humana ha presentado tres de tales direcciones capitales: la cultura científica, la moral y la estética, a las cuales corresponden igualmente muchas direcciones fundamentales del estado del contenido de la conciencia. Sobre estas tres direcciones se extiende de una manera análoga la oposición del procedimiento meramente ejercitante y cognoscente, correspondiendo a él la formación de una conciencia común dirigida en la obra independiente. De aquí surge en el dominio del intelecto la diferencia de la teoría y la técnica, conocimiento de la Naturaleza y ejercicio del dominio sobre ella obtenido mediante esto; en la esfera de la voluntad, la diferencia del carácter y del hecho moral, y del estado, tanto de la vida del individuo como de la comunidad; en el dominio de la fantasía estética, el de la concepción y creación artística. La Religión no indica un verdadero modo de formación radicalmente diferente, como los anteriores, sino que se sirve de todas ellas para presentar su verdadero contenido. Por eso no puede ser presentada en el mismo orden que los mencionados dominios, sino que adopta una posición especial. Su significación adecuada en el sistema de la educación humana puede ser presentada claramente con referencia a todas aquéllas.

Ley fundamental de la marcha graduada de la formación intelectual y de la formación en general

El espíritu del hombre se forma mientras se forman en él los mundos del contenido espiritual. Si allí, en la formación de estos mundos, sigue sus propias leyes interiores, debe ser también posible describir previamente el camino de esta formación. Pero aquella interior formación de los mundos se cumple mediante el establecimiento, siempre profundo y comprensivo, de las relaciones y enlazamientos, esto es, en un proceso regido por leyes últimas de múltiple estructura, y sin embargo, sencillas, de síntesis por un lado comprensión conexiva de una multiplicidad en una unidad y análisis por otro lado relación nuevamente de la unidad formada así sobre la multiplicidad de los elementos enlazados.Todo acto sintético toma necesariamente el punto de partida de algo particular; avanza mediante una fila de tales posiciones particulares, en las cuales se enlaza cada relación siguiente con la pasada y se cumple mediante este enlazamiento de todas ellas, siempre posible en relación actuante en una comprensión, cuya conclusión llega a ser nuevamente el punto de partida de un ulterior proceso sintético de esta misma clase, y así se continúa ilimitadamente. Los procedimientos fundamentales son de esta clase; sobre ellos descansa la estructura del objeto en la experiencia (conocimiento natural), y los presenta la teoría de la experiencia (Lógica trascendental) en un sistema cerrado como «categorías》 de cantidad, cualidad, relación y’ modalidad. Pero la misma ley fundamental rige a los progresos generales del conocimiento teórico, cuya marcha natural la ha formulado Kant en los tres «principios regulativos» de homogeneidad, especificación y cantidad; se extiende además allí, en la conciencia, por tanto, en el conocimiento, donde arraiga todo lo humano y donde todo progreso de la evolución humana es, en último término, progreso de la conciencia necesariamente a la evolución histórica del humanismo, según todos sus aspectos, a la Economía, Derecho, Religión, Lenguaje, Literatura, Arte; por tanto, a la historia del humanismo en un sentido comprensivo; consecuentemente a la totalidad de la formación del hombre para el hombre, en la totalidad de la humanidad como del individuo. Y así surge también de aquella ley fundamental la estructura natural de todo acto particular del conocimiento que se ha de investigar en los llamados grados formales o formas normales de la instrucción, y en general, la organización del contenido de la educación; por tanto, la metódica de la instrucción en total y en cada parte separada; y no sólo para cada dominio especial, en sí, sino aquella misma ley fundamental debe extenderse a todos los aspectos y direcciones de la educación humana, los cuales nuevamente se conexionan en una central unidad y así debe ser posible también una marcha progresiva y armónica en todos los dominios paralelos de la instrucción y de la educación, es decir, una concentración.

Allí vale también la exigencia fundamental: unidad; pero sin violencia de la especialidad, mediante el mantenimiento de una conexión constante. La misma ley se extiende más adelante a la organización de la actividad formadora, tanto por parte del educador como del educando; al estado de la comunidad formadora en general, en la cual y mediante la cual se desarrollan estas dos actividades. Además, se extiende, a la estructura de la actividad humana en todos los aspectos, pues esta comunidad se construye sólo en la conciencia de sus miembros, pero pertenece necesariamente a aquella ley fundamental toda evolución de la conciencia. Por tanto, toda comunidad, incluso la comunidad formadora, es, según esto, necesariamente en los grados inferiores una comunidad inmediatamente sensible; se eleva sobre un grado intermedio a la forma de la comunidad mediata, refleja, y por tanto, con finalmente debe elevarse a las normas de la razón, esto es, a la comunidad autónoma, libremente querida, que no necesita de ninguna fuerza exterior, sino que está fundada fija e interiormente con arreglo al último fin común. Con esto se deduce previamente que nuestra ley fundamental abarca la totalidad de la obra educadora en todas direcciones y hasta en sus miembros más delicados.

 

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