La Máquina Ayuda a Conocer al Niño

Niño jugando frente a un espejo, observando su reflejo y sonriendo mientras sostiene un objeto con curiosidad.

Antes de la invención de la máquina de vapor, del dínamo y del motor de explosión, la agricultura y la industria se valían exclusivamente de la fuerza animal y de la humana. El hombre poseía un solo instrumento maravilloso: la mano, del cual disponían, con diversa habilidad y según el grado de entrenamiento, el adulto y el niño. La diferencia de uso estaba dada por el grado de fuerza; en la cantera, el padre volteaba una maza de quince kilos y el hijo una de dos o de cinco; en la fábrica, el padre manufacturaba piezas grandes y el hijo pequeñas; en los labrantíos, las gavillas eran grandes en brazos de los adultos, pequeñas en brazos de los niños.

La máquina alteró este orden, desde sus propios fundamentos, al volver cada vez menos necesaria la fuerza, más urgente la capacidad de razonar e imprescindible la comprensión de técnicas de creciente complicación. En principio, el niño fracasó como obrero al no poder hacer un largo aprendizaje, como había venido haciéndolo en el taller el artesano, porque el nuevo ritmo de producción apenas podía permitir meses de entrenamiento. 

Por otra parte, se hizo patente, frente a la máquina, que el niño no se comportaba como un adulto en miniatura, con iguales posibilidades, pero proporcionadamente reducidas, sino como un ser psicológicamente distinto. Los hechos demostraron empíricamente, en la práctica, lo que después psicólogos y pedagogos sistematizarían con profundos estudios: el niño no es simplemente una miniatura del adulto, sino un ser distinto que tiene sus propias leyes de desarrollo biológico y psicológico.

Ahora bien, si el niño es totalmente distinto del adulto, sus agrupamientos, comunidades, tampoco serán un grupo, una comunidad de adultos en miniatura, sino que constituirán colectividades propias con caracteres netamente infantiles, de-terminados por las características biológicas y psicológicas de la infancia. Bajo este pensamiento la escuela clásica se transformó; de reflejo de la sociedad de los adultos se volvió grupo autónomo, con leyes y reglamentaciones propias, adecuadas a la personalidad infantil.

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