La Pedagogía

Libro abierto sobre una mesa con un niño y un adulto estudiando al fondo, desenfocados.

La educación, como función esencial de la vida colectiva, se fue realizando espontáneamente a lo largo de la evolución histórica. Pero en un momento dado, cuando el hombre griego se detuvo a reflexionar sobre ese hecho educativo, nació la pedagogía. Es claro que ésta, en sus comienzos, no tuvo las características que presenta en nuestros días, pues, al igual que el vocablo “pedagogía”, se fue enriqueciendo con el tiempo y, poco a poco, ha ido modificando su limitado sentido originario.

En efecto, la palabra pedagogía se formó de otras dos griegas: paidós, niño, y agogia, conducción. Por ello, en su origen, el vocablo tuvo un sentido material y se utilizó para designar al “pedagogo”, que era el esclavo que se ocupaba de vigilar a los niños y acompañarlos a la escuela de gimnasia. Más tarde, la palabra pedagogía dejó de ser expresión de arte servil y adquirió valoración cultural, utilizándose para designar al conjunto de conocimientos referentes a la educación de los niños. En la actualidad, se entiende por pedagogía la disciplina encargada de estudiar integralmente los problemas de la educación del hombre.

En Grecia, el pensamiento pedagógico no existió independientemente, pues su expresión estuvo íntimamente vinculada con las reflexiones sobre la naturaleza humana. Sólo en la época del Renacimiento se desarrollaron las primeras tentativas de constituir un dominio independiente con las doctrinas referidas a la educación. Posteriormente, gracias al esfuerzo de Ian Amos Komensky (1592-1670), conocido por Comenio o Comenius, que fundamentó una teoría general del método de enseñanza, se pudo integrar a la pedagogía como una disciplina orgánica en su contenido. Más tarde, en el siglo xix, Johann Friedrich Herbart (1776-1841) realizó la primera sistematización total de esta disciplina y la estructuró como conocimiento científico.

Desde entonces, la pedagogía, que quedó definitivamente constituida, ha tenido que resolver un doble problema: determinar su carácter y defender su autonomía. En nuestra época se reconoce que, aunque muchos de los elementos que la integran la toma de otras ciencias cada una de las cuales tiene su individualidad, esos aportes adquieren un nuevo sentido y un nuevo valor al ser orientados hacia un objetivo específico: la educación del hombre. Debido a ello, el estudio de los principios de la acción educadora y del hombre en función de su educabilidad, son los que dan a la pedagogía el derecho de existir como disciplina independiente y no como una rama o especialidad derivada de otras disciplinas.

Es corriente distinguir en la pedagogía dos aspectos: el teórico, o sea la reflexión sobre el hecho educativo, y el práctico, denominado por algunos tecnológico, que se ocupa del estudio de los medios que permiten la realización del hecho educativo. Estos aspectos, sin embargo, no son independientes, pues la pedagogía constituye una unidad. Por ello carece de sentido una acción educativa puramente práctica, pues, lo sepa o ignore quien la realiza, esa acción está respondiendo a cierta teoría de la educación. Del mismo modo, no existe una pedagogía puramente teórica, ya que las auténticas teorías educacionales siempre tienden a hacerse efectivas en la práctica. Por tal causa la pedagogía teórica imprime a la pedagogía práctica una determinada orientación y, en consecuencia, ejerce sobre ella una acción limitativa.

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